Chinese tales

Once upon a time…

Drawn from: Qinq Dynasty, in a past times court, Mentor, something suitable with period. Told in Spanish.

En un rincón olvidado de las antiguas tierras del Gran Imperio, vivía un pequeño zorro llamado Zhi. Zhi no era un zorro común; tenía un pelaje dorado que brillaba bajo la luz de la luna, y sus ojos, como dos luciérnagas, veían más allá de lo visible. En aquellos días, se decía que los zorros de pelaje dorado podían hablar con los espíritus de la tierra y el viento.

Una noche, mientras Zhi exploraba los bosques de bambú, escuchó un susurro en el aire. Era el viento, que le hablaba de un emperador que había perdido su sonrisa. El emperador, que gobernaba desde un palacio rodeado de montañas y ríos, había caído en una tristeza profunda, y con él, toda la corte. Sin la sonrisa del emperador, la música había dejado de sonar, y las flores se negaban a florecer.

Zhi, curioso y valiente, decidió ayudar. Recordó una antigua tradición que decía que, cada cien años, la luna concedía un deseo a quien lograra encontrar la flor del amanecer, una flor que sólo florecía bajo la primera luz del día en lo más alto de la Montaña del Dragón Durmiente.

El pequeño zorro emprendió su viaje hacia la montaña. El camino era arduo, y Zhi enfrentó muchos desafíos: ríos caudalosos, nieblas engañosas y sombras que susurraban secretos oscuros. Pero con cada paso, Zhi recordaba las palabras del viento y la tristeza del emperador.

Al llegar a la cima de la Montaña del Dragón Durmiente, mientras el cielo se teñía de naranja y rosa, Zhi encontró la flor del amanecer. Era pequeña y sencilla, pero irradiaba una luz cálida y reconfortante. Zhi la tomó con cuidado y bajó la montaña.

De regreso al palacio, Zhi se presentó ante el emperador, quien lo miró con curiosidad. El zorro depositó la flor a los pies del monarca. En ese instante, una suave brisa llenó la sala, y el aroma de la flor envolvió el lugar. El emperador, al inhalar su fragancia, sintió cómo la tristeza se desvanecía, y una sonrisa, como un sol naciente, iluminó su rostro.

La corte estalló en júbilo, y la música volvió a llenar los salones. Desde ese día, cada año, se celebra la Fiesta de la Flor del Amanecer, recordando al pequeño zorro dorado que devolvió la alegría al corazón del emperador. Y así, bajo la luna y las estrellas, el viento sigue susurrando historias de Zhi, el zorro valiente.

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